Un fracaso más… y van

Por: Leonel Cerrudo
La eliminación de América de Cali frente a Independiente Santa Fe no fue simplemente una derrota. Fue una humillación futbolística. Un 4-0 contundente en Bogotá y un 5-1 global que expuso todas las falencias de un proyecto que hace rato perdió el rumbo. Santa Fe no solo ganó la serie: la dominó, la controló y dejó en evidencia a un América sin reacción, sin fútbol y sin carácter.
El golpe duele más porque vuelve a repetirse la misma historia. Otro semestre que termina antes de tiempo. Otra ilusión que se destruye de manera vergonzosa. Y mientras tanto, las decisiones de la dirigencia siguen generando más dudas que certezas.
Ya son 35 campeonatos disputados bajo la administración de la familia Gómez Giraldo y apenas dos títulos. Demasiado poco para un club de la historia, la grandeza y la exigencia del América de Cali. El problema ya no puede esconderse detrás de un técnico, un árbitro o una mala noche. Hay errores estructurales que el club arrastra desde hace años
Las contrataciones son una muestra clara de eso. La inversión realizada por Dylan Borrero, cercana al millón y medio de dólares, hoy parece inexplicable. Un futbolista que llegó como apuesta fuerte, con salario alto y expectativa enorme, pero que jamás marcó diferencia dentro del campo. Y no es un caso aislado. América se acostumbró a traer nombres que venden ilusión en redes sociales pero no responden futbolísticamente.
El equipo además mostró algo todavía más preocupante: fragilidad emocional. Apenas Santa Fe golpeó, América se derrumbó. No hubo liderazgo, rebeldía ni respuesta táctica. El segundo tiempo fue un baile absoluto. Un equipo corriendo detrás de la pelota mientras el rival disfrutaba la noche y liquidaba la serie con autoridad.
Y en medio de todo aparece inevitablemente la pregunta: ¿debe seguir David González? El técnico quedó muy golpeado después de una eliminación de este calibre. Porque perder puede pasar, pero perder de esta manera cambia todo. Un 5-1 en una serie definitiva deja heridas profundas y pone en discusión cualquier proceso.
También es cierto que el futuro de González probablemente quede atado a lo que ocurra en la Copa Sudamericana. Si América logra clasificar y competir internacionalmente, tal vez la dirigencia sostenga el proyecto. Pero si el equipo fracasa también en el torneo continental, será muy difícil justificar su continuidad.
Lo que quedó claro anoche es que América necesita mucho más que un par de refuerzos o un cambio táctico. Necesita autocrítica real. Necesita una dirigencia que deje de equivocarse en decisiones deportivas. Necesita recuperar identidad y hambre competitiva. Porque el hincha ya se cansó de los discursos, de las excusas y de ver cómo los rivales celebran mientras América acumula otro fracaso más.



