Permiso para celebrar

Stake - 03:12:10 PM 17/03/2026 - 04:59:00 AM 25/03/2029
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Por: Julián Capera

En el país del GADEJO, donde se critica al que festeja, pero también —incluso— a los jugadores que no lo hacen (por respeto a una camiseta que defendieron en el pasado), ahora resulta que hay que pedirles autorización para sonreír porque Colombia volvió a tener la mayor cantidad de equipos posibles en fase de grupos de los torneos internacionales. Adicción a la negatividad. Y sí, aunque a algunos que dicen estar desbordados de alegría se les notó la incomodidad, este año el país vuelve a poner cuatro clubes en la fase de grupos de la Copa Libertadores: Independiente Santa Fe, Junior de Barranquilla, Deportes Tolima e Independiente Medellín.


Pero claro, en el ecosistema del pesimismo permanente siempre hay alguien dispuesto a explicar por qué una buena noticia en realidad no lo es tanto. Que el nivel, que el contexto, que las tribunas vacías, que el rival, que todavía no empieza lo bravo… Todo eso puede ser cierto. Lo que resulta curioso es la incapacidad de algunos para reconocer siquiera un dato objetivo: volver a tener cuatro equipos en esa instancia es, por simple matemática, mejor que tener dos o tres.


Nadie está diciendo que Colombia sea favorita continental ni que alguno de los nuestros vaya derecho a levantar la copa. Los primeros meses del año han mostrado más dudas que certezas. Falta ritmo, jerarquía y continuidad para competir a gran escala. Pero de ahí a convertir una clasificación en motivo de lamento hay un trecho largo… y parece que a algunos les encanta recorrerlo.


Porque el libreto suele ser bastante predecible: cuando el marcador es malo, el resultado es lo primero que se pone sobre la mesa. Pero cuando el resultado es bueno, entonces aparecen las disecciones, los matices, las advertencias y los “sí, pero…”. De repente el marcador deja de ser importante y la discusión se traslada a todo lo demás. Una gimnasia argumentativa que siempre termina en el mismo lugar: el pesimismo tenía razón desde el principio.


Mientras tanto, en la otra orilla, es francamente triste que la CONMEBOL obligue a que dos equipos colombianos se eliminen entre sí en la primera ronda de Copa Sudamericana. Un sistema que reduce la presencia internacional del país antes de que el torneo siquiera arranque de verdad.


Porque si ese cruce doméstico no existiera, quizá esta vez Colombia podría tener a los ocho mejores equipos del año anterior compitiendo en torneos continentales. Ocho equipos sumando roce, experiencia y puntos para el país. Pero el formato obliga a que parte de esa representación desaparezca antes de llegar, en una especie de eliminación interna que poco tiene que ver con el espíritu del torneo.


La próxima semana, con los sorteos de Copa Libertadores y Copa Sudamericana, empezaremos a ver el mapa real del camino. Ahí sabremos cuál de los nuestros tendrá más opciones de estirar la aventura continental. Porque al final, más allá del escepticismo profesional de algunos, el fútbol también vive de algo que en Colombia parece escasear últimamente: la capacidad de ilusionarse aunque sea un poco.

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