¿Arquitecto o decorador?

Stake - 03:48:19 PM 28/07/2026 - 04:59:00 AM 27/07/2029
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Por: Julian Capera

Ni héroe nacional. Ni villano de telenovela. Néstor Lorenzo seguirá al mando de una Selección que avanzó lo suficiente para renovar la ilusión... pero no lo suficiente para acabar con la frustración. Porque tan equivocados están quienes dicen que este proceso no dejó nada, como quienes lo venden como una epopeya. La renovación no premia un fracaso, pero tampoco certifica un éxito. Simplemente reconoce que el viaje fue bueno... aunque el destino quedó demasiado lejos.


Decir que Colombia no salió del hueco en el que estaba sería desconocer los hechos. El equipo volvió a disputar una final de Copa América después de más de dos décadas y regresó a un Mundial sin tener que montarse en el ascensor que FIFA construyó con los cupos adicionales. Clasificó por la misma puerta de siempre, no por la ventana. Después del naufragio rumbo a Qatar, Lorenzo encontró un mapa, recompuso el barco y devolvió a la Selección a aguas competitivas sobre todo en la prime parte de su ciclo. Eso tiene mérito. Y negarlo sería tan absurdo como decir que un reloj da la hora equivocada porque no marca los segundos.


Pero el fútbol tiene una virtud... y una crueldad: siempre pide el siguiente paso. El gran examen era levantar un trofeo o firmar una actuación inolvidable en el Mundial. No ocurrió ninguna de las dos cosas. Colombia volvió a casa en octavos de final, con las vitrinas exactamente igual de vacías y con esa incómoda sensación de haber dejado comida en el plato. No fue una eliminación vergonzosa. Fue peor: una eliminación que alimentó la pregunta de qué habría pasado si el equipo se hubiera atrevido a un poco más.


Durante el Mundial que recién terminó, Colombia parecía ese estudiante brillante que responde bien el examen... pero nunca contesta las preguntas difíciles. Competía, sí. Ordenaba los partidos, sí. Pero cuando llegaba el momento de romper el libreto, de apostar más fuerte, de jugarse el todo por el todo, aparecían los miedos y vacíos de siempre. Y en las Copas del Mundo, los prudentes suelen comprar el tiquete de regreso antes que los valientes.


Por eso la renovación tiene algo de lógica... siempre que no venga acompañada de autocomplacencia. La continuidad no puede convertirse en una beca vitalicia ni en un premio por aproximación. Los procesos son como las aplicaciones del celular: de vez en cuando necesitan una actualización importante. Porque si siempre muestran la misma versión, tarde o temprano dejan de sorprender.


Al final, la decisión de mantener al técnico no debería discutirse mirando el retrovisor, sino el parabrisas. Lo conseguido alcanza para justificar la continuidad; lo pendiente quizá no. A veces el mérito mayor no está en hacer que el techo no gotee, sino en saber quién puede convertir la casa en un palacio. La Federación decidió que el arquitecto siguiera al frente. A riesgo de dejar escapar la oportunidad de poner a un mejor decorador: uno que sepa dibujar estrellas sobre los escudos.


Porque en el fútbol, como en la vida, siempre hay decisiones que se juegan al límite. Y pase lo que pase con el nuevo capítulo de Lorenzo, en Stake siempre estarán las mejores cuotas para acompañar cada apuesta.


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