¿Hasta cuándo esperamos al otro delantero en América de Cali?

Por: Nany Flórez
América de Cali es, por historia y por hinchada, un equipo grande, pero la grandeza no vive solo del pasado. Desde el bicampeonato en 2020 no ha vuelto a ser campeón, ni siquiera protagonista en las finales de Liga, y esa ausencia de títulos empieza a pesar más que cualquier discurso institucional. Hoy la sensación es otra: la de un equipo que compite, pero no impone ni mete miedo.
Han pasado técnicos, se ha hablado de proyectos, promesas y reconstrucciones que nunca terminan de encajar. Se van jugadores, llegan otros, y semestre tras semestre algo falla. Este año no ha sido la excepción. El inicio de la Liga volvió a mostrar falencias conocidas, críticas por algunas contrataciones y, sobre todo, un vacío que ya se volvió estructural: la falta de un delantero que marque diferencia.
Febrero avanza y seguimos esperando. ¿Será paraguayo o colombiano? Esa pregunta ya perdió relevancia para la hinchada. El pasaporte dejó de importar hace rato. Lo único que se exige es algo básico: que entienda el peso de la camiseta y al que no le tiemble el pulso cuando el partido se cierra. Uno que lidere desde el área y devuelva algo tan simple como la tranquilidad del gol, ese que cuando tenga la oportunidad, la mande a guardar sin importa cómo.
El equipo hoy está en el grupo de los ocho, una posición que calma ansiedades pero que no engaña. Estar ahí no es suficiente. América necesita acelerar, ajustar y, sobre todo, recuperar una mentalidad ambiciosa. La grandeza no se pierde de un día para otro, pero sí se va diluyendo cuando los títulos no llegan y el conformismo se instala.
El tema del otro delantero ya cansa. Daniel Valencia fue anunciado y se está a la espera de su debut. Pero falta uno más. Los demás equipos ya encontraron a su goleador o, al menos, apostaron por uno. América, en cambio, sigue atrapado en una carpeta interminable de nombres que van y vienen, donde los números no cuadran o los contratos no seducen.
Esa falta de peso adelante termina pasando factura. Un equipo que no tiene claro quién debe finalizar las jugadas termina perdiendo confianza, volumen ofensivo y, lo más grave, puntos. El delantero no es un lujo, es una necesidad y ojalá América no termine contratando por contratar.



