Lo que Brasil entiende de Neymar y Colombia olvida de James

Por: Juan Salvador
Hay algo que hoy llama mucho la atención en Sudamérica: Brasil celebra el regreso de Neymar al Mundial como si fuera una reconciliación nacional, mientras Colombia mira con desconfianza el llamado de James Rodríguez, el hombre que más alegrías le ha dado a la Selección en los últimos diez años.
La diferencia emocional entre ambos países es enorme. En Brasil, la convocatoria de Neymar fue un acontecimiento. Carlo Ancelotti apareció como una figura casi cinematográfica leyendo la lista definitiva, y cuando pronunció el nombre de Neymar, el país reaccionó con felicidad genuina. Hubo unión, ilusión y hasta un sentimiento de alivio. Porque Brasil, golpeado recientemente por resultados irregulares y críticas constantes, necesitaba volver a sentirse Brasil. Y Neymar, más allá de sus lesiones, polémicas o falta de continuidad, sigue siendo el símbolo futbolístico más poderoso de esa generación.
Lo curioso es que Neymar tampoco llega en su mejor momento físico ni futbolístico. Ha tenido meses complejos, poca regularidad y muchas dudas alrededor de su estado real. Pero el brasileño eligió creer. Eligió aferrarse a su ídolo. Eligió pensar en todo lo que Neymar ya hizo por su selección y no únicamente en lo que dejó de hacer recientemente.
En Colombia pasó exactamente lo contrario.
El llamado de James Rodríguez generó debate, molestia y preocupación. Muchos sienten que no llega en nivel competitivo suficiente. Los partidos frente a Francia y Croacia dejaron una imagen futbolística preocupante, especialmente por la falta de ritmo y la dificultad para sostener la intensidad. Y claro, es válido que exista incertidumbre. El fútbol no vive de recuerdos.
Pero también hay una contradicción enorme en el entorno colombiano.
Porque si hay un jugador que se ganó el derecho a ser defendido en Selección, ese es James. Nunca le falló al país. Nunca desapareció en un Mundial. Nunca se escondió en una Eliminatoria. Cada vez que se puso la camiseta amarilla, incluso en momentos donde venía cuestionado en sus clubes, terminó respondiendo.
Y ahí aparece el contraste más duro.
Brasil abraza a Neymar por lo que representa.
Colombia juzga a James por lo que teme.
Quizás el brasileño entiende algo que nosotros olvidamos rápidamente: las selecciones también se construyen desde lo emocional. Hay futbolistas que modifican el estado de ánimo de un país entero. Neymar lo hace en Brasil. Y aunque muchos hoy no quieran aceptarlo, James todavía lo hace en Colombia.
Tal vez el problema no sea James.
Tal vez el problema es que Colombia perdió la capacidad de ilusionarse con sus propios ídolos.
Porque mientras Brasil convierte el regreso de Neymar en esperanza colectiva, nosotros vivimos el regreso del mejor jugador de nuestra historia reciente casi como una amenaza.
Y eso dice mucho más de nosotros que de James Rodríguez.



