La cuarta debe ser la vencida para Jhon Jáder Durán

Por: Liche Durán
Con apenas 22 años, Jhon Jáder Durán ya acumula un recorrido que muchos futbolistas completan al final de su carrera. Desde su salida del Aston Villa, el delantero colombiano ha vestido cuatro camisetas distintas, siendo el Benfica su más reciente destino. Su debut frente al St. Gallen, en la fase previa de la Europa League, representa una nueva oportunidad para demostrar que, esta vez, el talento puede pesar más que la inestabilidad que ha marcado los últimos capítulos de su carrera.
Nadie pone en duda las condiciones del atacante. Potencia, velocidad, capacidad para definir y una personalidad que, bien encaminada, puede convertirlo en uno de los delanteros más importantes de Colombia en la próxima década. El problema nunca ha sido su fútbol. Lo que ha generado preocupación es todo lo que ocurre alrededor de él: cambios constantes de equipo, decisiones apresuradas y comportamientos que han puesto en entredicho su profesionalismo.
Esa situación terminó pasándole factura en el momento menos esperado. Mientras Colombia disputaba el Mundial de 2026, Durán lo veía desde afuera. Su ausencia no respondió a una falta de calidad, sino a un contexto que él mismo ayudó a construir. Cuando un jugador transmite más incertidumbre que confianza, el cuerpo técnico difícilmente apostará por él en la competencia más importante del calendario, por muy determinante que pueda ser dentro del campo.
El Benfica aparece ahora como una oportunidad para cambiar esa narrativa. Es un club que exige resultados, disciplina y regularidad, tres aspectos que Durán necesita recuperar si quiere volver a ser considerado una pieza fundamental para la Selección Colombia. Un buen debut ilusiona, pero una carrera no se reconstruye en un solo partido, sino con constancia durante toda una temporada.
La cuarta puede ser la vencida. No porque el Benfica vaya a solucionar por sí solo los problemas del delantero, sino porque el momento parece ideal para que Durán entienda que el talento, por extraordinario que sea, necesita ir acompañado de profesionalismo. Colombia ya sabe de lo que es capaz con la pelota en los pies; ahora espera que también demuestre madurez fuera de la cancha. Solo así podrá dejar atrás la etiqueta de promesa y convertirse, por fin, en la realidad que el fútbol colombiano lleva años esperando.


